domingo, 22 de abril de 2018

Descendencia

Tras las brechas rojas que el metal dejó en la carne,
Tras los abrazos ahogados como lluvia en furia,
Tras las noches de gimiente placer desencarnado,

Apareces tú
Con ojos radiantes como estrellas
De las que sólo el rastro de luz quedó
Y que bastó para abrir las fauces a la vida

Tras las gestas de incarnes dioses
Tras el primo uso del divino derecho
Tras sitiar el lugar que llega más allá del ocaso.

Apareces tú

Con las manos tan fuertes como incompletas
de espacio para cargar con tus ideas
Que desbordan los huecos de tu vaso

Tras cubrir, hasta el bordo, de agua el continente
Y dejar vacíos de ti los espacios incongruentes
Para converger al mundo
Apareces tú
Ya teñido y aún no nacido

Yaxkin Nik 2000

Go now Icarus

Go now Icarus
Ascend soaked in sun
Until your wings melt down
 And fall
In to this good night
Until then
Your soul will rise
And then the not existing lord
In his absent presence you will die
Go now Icarus
And die
And that is from my soul
A present just for you
My sea born lady
That this night
With your death memory
I will die

Yaxkin Nik
Víspera de Pandora 2018

lunes, 1 de enero de 2018

Insomnio

Pasaban ya de las doce cuando apareció su desgarbada figura por mi calle. Aun siendo noche de luna el nublado premonitor de la tormenta obscurecía aun más las sombras; como lo hace el manto al rostro de quienes presentes faltan.
De firme andar, pasos lentos, precedido siempre por su frente y sus cabellos. Espalda encorvada de anchos hombros, brazos largos que como péndulos se exhiben; así, con él, depositándose sus piernas una delante de la otra con fúnebre cadencia.
A lo lejos su silueta esbelta, de marcha desdeñosa y cabizbaja. Con la frente en dirección del piso, con la vista hacia delante y mirando nada.
Acercándose con lentitud de casi eternidad, misma que pausadamente atrajo sosbre mi los signos que anunciaron su llegada. En ignorancia y ciega prontitud; abandone mi habitación y descendí las escaleras sin más abrigo que un suéter delgado y de holgada talla, y unos pantalones negros de manta, pies desnudos, como manos, como cuello de colgajos, y el cabello alborotado por una mujer llamada insomnio.
Me pose frente a la puerta e introduje cada llave en su cerrojo e imprimí a los giros la embriaguez de mi pausado vino. Tomé la manija, hice que girara y permití  que la noche entrara en casa.
Sumergido ya en el mar de la negrura, crucé la verde estancia hacia el pórtico y crucé el pórtico por fin hacia la calle.
El asfalto estaba seco, frio, el viento soplaba en dirección del final de mi calle, cerrada, como muchas otras del final de mi pueblo. Aquella negrura que cubría a la noche, también lo hacia con un silencio absorto, que no es propio en plenilunio ni en tormenta. Ella, tiene sus ruidos propios, como casi cualquier cosa los tiene, apropiados. Pero en esta particular dama acogedora no los había. Cuando los hubo, fueron primero los ladridos de algunos perros, lo aullidos de otros tantos y, el gruñir del resto. Después, el tronar de un relámpago destrozó al viejo roble, más viejo, creo, aún mas viejo que la calle.
De nuevo el ladrar, gruñir y aullar de los perros, y de nuevo el viendo en dirección del fondo de mi calle. Acariciándome los pies, las manos y la cara con infinitas menudencias de agua.
Pasaban ya de las doce cuando apareció su desgarbada figura por mi calle… precedido por su frente y sus cabellos…
Frente amplia, con palidez más pálida que la de la última esperanza. Cabello largo hasta los hombros y de tonos rojos; dos marcos grises sobre sombras negras, sobre fondo blanco. Pétrea frente de decires mudos. Saetas como de ojos fijando blanco. Todo visto por letárgicos instantes, bajo luces caprichosas del nocturno estruendo. Luces a purpúreos espasmos teñidos de blanco hiriendo el negro.
A lo lejos su silueta esbelta. De marcha desdeñosa y cabizbaja… con la vista hacia delante y mirando nada…
Destellos vistos por lúcidos espasmos, ojos de visiones, penetrantes del infierno. Remanentes ante el cuerpo por apenas un instante, duradero como el paso que lo avanza. Caminata como de marcha. Silenciosa lentitud adelantada cuanto el paso la retarda. Frente a ti, detrás de mi; los escombros incendiados del aquel roble destronado hace apenas un instante. Eternos segundos, separadores sólo de lo inmediato. Mezclando los instantes alejados por fronteras luminosas de premoniciones y tormenta. Instantes como el paso, la frente, una mano blanca que se asoma, un llamear ondulante del cabello, algún madero que conjuga el cabello con el fuego, un escalón con un pie indeciso, una llave, unos pantalones doblados, un olor a lluvia, un vuelco boca abajo, un reloj que parpadea hablando de su último deceso.
Todos, meros imitadores de los sonidos de un cerrojo cediendo ante la noche. 
Una hora, dos horas, tres horas; mil espasmos parpadeantes que se mezclan como letras en palabras. Así, cayendo una delante de la otra, armándose en componentes aislados y estériles, interpretables en cadencia como frases de todos sus decires. Tal como caen los segundos, uno tras otro, acumulados en sesenta a su vez sesenta.
Sonoras piezas maquinantes de memoria. Insomnio, hastío del silencio de la espera. Espera del sueño, como al acecho de la inalcanzable presa.
De mirada penetrante… bestia nocturna que te acercas a mi casa. Como insomnio, tú, como acechante insomnio cazador de mis veladas noches.
Una vez más de pie, sobre el asfalto frio de la noche. Una vez más de pies mojados. Fuego en algunos leños del antiguo roble. Oquedad de pies mojados ante mi avance. Cada pie levantado depositándose al unísono de otro tuyo, por enfrente y a lo lejos aún. Un paso una imagen, un recuerdo, otro paso otra imagen, otro instante. Menos lejos a cada eco del asfalto. Pies descalzos, botas negras. Pantalones ajustados, negros de manta. Suéter, camiseta.
Tu entrabas a mi calle y yo me dirigía hacia la salida. Más cerca, más próximos. Cada vez más definición visual. Tu nariz afilada, escurriendo gota tras gota al igual que tu cabello; mi excitada cabellera peinada ahora por la lluvia. Otro paso, otro más, casi sin querer llegar. Apresuré la respiración para no hacerlo con el paso. Un metro menos, dos más, dos más cerca de lo irresistible.
Respiro, exhalas, respiras, exhalo.  Se expando tu pecho y el mío se contrae. Otro estruendo, otro día por instantes. Tus labios, tus ojos y tu cuello, ahora visibles y escudriñables. Rasgos todos familiares. Tus muslos, tus muñecas escuetas de las que tus manos penden.
La mirada, por fin, fijó su blanco.
Mis ojos, tu mirada, el avance, más truenos secundados por los rayos casi inseparables. Un paso más.
Dar vueltas en la cama, insomnio, como celador de la esperanza, de aquello inesperable, impensable como tu llegada.
Piel blanca, ojos de águila fijando presa, manos como garras de felino avance, esperando hundirse en la jugosa carne. Como lo hace el pie al fundirse en la imagen de tu sombra.  
Un trueno más con su respectivo rayo, ya inseparables. Nadie detuvo su andar. Incluso al estar frente a frente, ninguno nos detuvimos. Por un instante, fue como estar en mi lejos de mi. Clavados por la mirada y por la frente amplia. Sin distinciones un rostro del otro, pero diferentes. Detenidos por un instante fuera del tiempo, frente a frente, separados únicamente por la cadencia de la marcha, casi fúnebre.
Un último rayo nos partió el encuentro. No se si te golpeo a ti o me golpeo a mi. Pero se que sólo uno lo esquivó.
No volví a saber más de mi. Vague un poco por la calle y el roble con su fuego hasta que la lluvia lo extinguió. Que a su vez terminó por extinguir todo mi recuerdo. Logre poco antes volver la visión hacia el pórtico de mi casa y la puerta que correctamente había dejado abierta. Ahora cerrada. Y en mi ventana con tenue luz, se matizaba la sombra de la bestia que atisbaba hacia los escombros casi extintos del viejo roble destronado. Dejando sus cabellos enmarcar su pétreo y cerúleo rostro. Ocupando ahora mi propio insomnio. La bestia se alejó después de escudriñar el moribundo fuego del que pendían los últimos momentos de vida del roble.
Y por fin fue como poder cerrar los ojos y dormir. Dejando atrás la pútrida esencia de la indomable vida, por demás repetitiva.

Yaxkin Nik

Diciembre 1998Caminatre  y aullar de los perrls ojos y dormir, dejando a trle destronado. erableellera peinada ahora por la lluvia. como el pa